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Dos años de agonía En un punto del norte de Israel, en la Galilea, hay un
La diferencia de actitud, hiela la sangre. Aquí se pide respeto. Del otro lado, se juega con la vida, con los órganos sueltos y con los códigos más básicos de comportamiento humano. Aquí, se pide respetar las tumbas de los terroristas, cuando en la guerra se toman prisioneros la Cruz Roja es notificada de inmediato, sus familias saben exactamente dónde y cómo están y pueden hacerles llegar cartas y recibir otras de ellos, como indican las normas de las convenciones internacionales que rigen el comportamiento también en tiempos de guerra. Del otro lado, el orgullo aumenta en relación inversa a la altura de los valores que los guían. Cuanto más bajo se actúa con Israel, más se precian de si mismos los terroristas. Y es sólo por eso que pasaron ya casi dos años desde el secuestro ( el 12 de julio del 2006, de los reservistas Udi Goldwasser y Eldad Regev por parte de Hizbala, cuando patrullaba su propio territorio, el lado israelí de la frontera), sin que se sepa siquiera si están vivos o muertos. Israel está, al parecer, por concretar un intercambio con Hizbalá y no sabe si recibirá dos soldados, mal heridos pero vivos, o dos féretros con cuerpos sin vida. ¿Alguien se imagina qué diría el mundo si Israel hiciera algo así? Mejor ni ponerse a pensar mucho en la diferencia... Lo mismo hizo Hizbala con Omar Sawaed, Adi Avitan y Beni Avraham , los tres soldados secuestrados por la banda chiita poco después de la retirada israelí del sur libanés, en el año 2000. Volvieron tres años después, en ataúdes. Tres años de agonía sin saber nada...Y ahora, las familias Goldwasser y Regev, en dos años de suplicio que nada indica que sea probable que terminen bien. Pero Hassan Nasrallah, la funesta estrella de Hizbala, aprovecha hasta el último momento para torturar, sin decir siquiera durante dos años si secuestró y también asesinó o si los padres de los soldados y la esposa de uno de ellos, podían haber al menos abrigado la esperanza todo este tiempo, de que los volverán a abrazar. Y casi tan difícil como pensar en todo esto, es imaginar las fiestas de bienvenida que preparará Hizbalá para Samir Kuntar, el terrorista libanés que exige hace tiempo como alto precio por Udi y Eldad. El 22 de abril de 1979, Samir Kuntar se infiltró a territorio israelí por mar, en un bote, proveniente del Líbano. Iba al frente de una célula de cuatro personas, del Frente Palestino de liberación, con la intención de llegar a la ciudad costera israelí de Naharia. Tenían nombre: Operación Nasser. Cerca de medianoche, llegaron a destino. Poco después se toparon con un policía por casualidad y lo mataron. Acto seguido, entraron a un edificio de viviendas en la calle Jabotinski y se separaron . Dos de los terroristas irrumpieron al departamento de la familia Haran. Se llevaron al padre de la familia , Dani, de 28 años, y a su hija Einat, de 4, como rehenes. La madre, Smadar, logró esconderse con su hija menor Yael, de dos años. Desde el escondite oía a Dani decirle a Einat: "No te preocupes mi bebé. Todo estará bien". Yael murió sofocada cuando su madre le tapó la boca para que no llore y delate así el escondite. Los nervios traicionaron a Smadar , que no se percató de que su hija estaba ahogándose. Kuntar llevó a Dani y Einat por la fuerza a la playa y allí estalló un tiroteo con policías israelíes., en el que murió uno de sus cómplices. Kuntar le disparó a Dani a corta distancia, frente a los ojos de su hija. Luego, lo hundió en el mar, para cerciorarse de su muerte. Acto seguido, golpeó la cabeza de la pequeña con rocas de la costa y le rompió el cráneo con la culata de su rifle. Ese terrorista será puesto en libertad, al parecer, en unos días. Lamentablemente, será el precio a pagar para recuperar a Udi y Eldad, vivos o muertos. Las celebraciones en el Líbano para recibir al terrorista como si fuera un héroe, no podrán ser evitadas. Pero por suerte, tampoco se puede evitar que al menos, contemos quién es esa basura. Y por suerte, a pesar del dolor y la rabia, seguiremos agradeciendo estar de este lado y no del otro. Del lado de los que glorifican la vida, no la muerte. Para el Semanario Hebreo-Uruguay (
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